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martes, 8 de enero de 2013

Energía Inútil Capítulo Final : ¨La Marioneta y el círculo de Abasa"



Capítulo V

Capítulo Final
“La marioneta y el círculo de Abasa ”






(…) Natasha se involucró aún más convirtiéndose en nuestra guía espiritual de invocaciones (gracias a la experiencia de su nana), pero el fantasma de Cuco solo continuaba atormentándonos en lugar de unirse a nuestra ceremonia.
Exhausta, Natasha admitió:
-El problema es el lugar, hay que llamar su espíritu en el lugar donde iban a hacer el juramento…
Y regresamos esa misma tarde a la ciudad; entonces, ya nada volvió a ser como antes.

Margarita respiró profundamente antes de tocar la puerta del apartamento de Cuco con la palma de la mano. Me miró con ojos temerosos y cristalinos antes de exhalar lentamente una bocanada de aire, como queriendo con ello retrasar la entrada al lugar. Detrás nuestro Natasha y Rafaelo se besaban copiosamente, como siempre solían hacerlo. Yo miré a Margarita antes de tomar el último trago de una botella de jerez que venía bebiendo desde el avión.

-Si esto no funciona aquí, me daré por vencida- dijo Natasha.


-Espero que así sea- respondí mientras me tapaba la nariz con la mano para evitar seguir oliendo el dulcísimo olor de Cuco que había aumentado desde que llegamos al lugar.


Margarita sacó de su bolsillo un manojo de llaves que le había dado el portero del edificio a cambio de una buena suma de dinero; previamente habíamos preguntado a este si la abuela de Cuco se encontraba en el lugar, a lo cual el hombre nos había respondido que desde la muerte de su nieto, esta no había aparecido.


No fue necesario usar las llaves. Al introducirlas en la cerradura, Margarita se dio cuenta que la puerta estaba abierta y solo la empujó suavemente hasta abrirla. Se escuchó un leve chillido de las bisagras mientras entramos lentamente uno tras otro hasta la amplia sala del apartamento. Intentamos prender alguna luz pero fue imposible encontrar un interruptor en la pared; permanecimos a oscuras mientras que Rafaelo haciendo memoria, ubicaba a ciegas una de las lámparas que se encontraban en las mesas; después de tropezar y maldecir en un par de ocasiones, por fin pudo encender una lámpara que iluminó tenuemente aquel lugar. De inmediato, intenté buscar dónde se encontraban las botellas de licor  y me dirigí hacia un pequeño bar ubicado en una pared contigua. Natasha me tomó por el brazo y me detuvo.

-No!.-dijo secamente-.


Nos pidió que nos juntáramos y así como lo había hecho tantas veces en Moncowa, comenzó a invocar al espíritu de Cuco:


-Cuco, amigo, hermano, compañero... sabemos que tu alma se encuentra errante por los senderos que recorriste en vida... hoy estamos aquí, implorando tu presencia para liberarte de las ataduras terrenales y cumplir con nuestras promesas…. Cuco, amigo, hermano, compañero... sabemos que tu alma se encuentra errante por los senderos que recorriste en vida...


Continuamos por largos minutos esperando que el espectro de Cuco apareciera, pero no fue así. Mantuvimos la paciencia como única opción de librarnos de el, pero con el paso del tiempo, la voz de Natasha se volvió desesperanzada y eso hizo mella en nuestra confianza. 
Justo cuando Natasha había llegado al punto de repetir por repetir la invocación, y ya nos habíamos sentado en los mismos sofás donde tiempo atrás yo me acostaba borracho, sentimos uno leve ruido proveniente de las habitaciones; un paso lento... y unos segundos después otro paso. Luego, silencio absoluto. Permanecimos petrificados por el sonido.


-Es el!, es el!-chilló Margarita mientras me clavaba las uñas en el brazo.


-Puede ser cualquier cosa-respondí apático-


-Cállense, estúpidos!-protestó Natasha, y continuó:


-Amado Cuco, si esta es tu esencia que se hace presente, y deseas que permanezcamos en el lugar que fue tu hogar, indícanos...


De nuevo el silencio inundó el lugar.



-¿Que les dije?, eso no es nada, pudo ser cualq….


De nuevo se escucharon dos pasos, iguales de lentos y cansados que los anteriores.


-Es el! Es el ¡ Maldita sea!...es Cuco!-volvió a chillar Margarita.


Natasha asintió con una mirada seria y pétrea que jamás le había visto, y mucho menos en sus películas.


-¿Que hacemos ahora?-Preguntó Rafaelo, quien hasta el momento había mantenido total silencio.


-Vamos a buscarlo, somos nosotros quienes lo invocamos-respondió Natasha.


Caminamos lentamente en fila india hasta adentrarnos en un pasillo donde la luz de la lámpara de la sala ya no nos iluminaba. Natasha permanecía con sus innovaciones en voz baja mientras Margarita se aferraba a mi brazo enterrando sus uñas. Detrás mío, Rafaelo no me soltaba la camisa, y yo, solo deseaba tropezar con una botella y beberla de inmediato para retomar el valor que me faltaba.


Entonces, nos detuvimos de inmediato y dimos un sobresalto de terror. Frente nuestro, flotaba una llama pequeña amarilla que se movía al compás del viento.

Poco a poco la llama se fue acercando y aumentando de tamaño, hasta que dejó ver que tras ella se escondía lo que parecía ser un rostro arrugado y pálido, lleno de sombras y pliegues espantosos.


-¿Quién anda allí?-dijo una voz cansada y aguda.


Después de unos instantes comprendí lo estúpidos  que habíamos sido hasta ese momento: 

Ningún espectro había respondido las peticiones de Natasha; esa voz  no era de otra persona que de la abuela de Cuco, y nosotros cuatro, en lugar de estar muertos del susto, podíamos matar de miedo a aquella pobre vieja...¡valientes estúpidos! entonces, traté de hablar en voz baja y les indiqué que retrocediéramos antes de ser vistos y continuar con aquellatontería.


-¿Quién anda allí?-¿Quién, quién es?-volvió a preguntar la anciana.


Casi al momento de regresar a la sala y ser  visibles, le dije a Natasha:


-Esa es la abuela de Cuco!, vámonos ya antes que le dé un infarto por culpa nuestra!


-Pero nos dijeron que no había nadie!-Susurró Margarita-


-Pues nos dijeron mal!-protesté- vámonos ya!


-¿Quién anda allí?-¿Cuco?, hijito? ¿Eres tu?-dijo la mujer con voz nerviosa.



Una sensación de tristeza sacudió mi cuerpo, el solo hecho de imaginar a aquella anciana solitaria, aun creyendo que su nieto continuaba con vida y que su muerte solo había sido un sueño,  me hizo dar cuenta que el olor, así como su voz y su “fantasma”, estaban en nuestra conciencia, y que el recuerdo apegado en su abuela, era la prueba fehaciente de ello. 
Sentí nostalgia, vergüenza, pena, y a medida que continuaba retrocediendo para escapar del lugar antes de ser visto, su olor se hacía cada vez más fuerte y desesperante.


-Señora…Señora, disculpe, no se asuste por favor-dijo Margarita con la voz temblorosa- Somos nosotros…los amigos de Cuco…no sabíamos que usted  estaba aquí…solo veníamos a hacerle un homenaje a su nieto…no se asuste…discúlpenos...no encontramos como encender la luz...


-¿Cuco? ¿eres tú?, ¿Estás allí?-volvió a preguntar la abuela a medida que se acercaba más a la sala donde ya habíamos llegado -


-Vámonos ya!-le dije a Rafaelo- Esta viejita es sorda, vámonos antes que nos vea, Margarita…Natasha….vámonos!


Halé a las dos mujeres unos pasos pero no pudimos avanzar más. Una fuerza extraña sacudió nuestros cuerpos y nos hizo permanecer inmóviles en la sala del apartamento, justo al instante que escuchamos otra voz:


-Si, abuelita…aquí estoy...


-¡Si, Cuco, que bueno!, entonces…¡ya estamos todos!- Dijo la anciana con una extraña voz risueña.


Unos momentos después, la tenue luz de la lámpara de la sala nos permitió ver por primera vez a la abuela de Cuco. Era una mujer enjuta y encorvada que arrastraba sus pies lentamente a medida que se aproximaba. Su rostro alargado, parecía un arado infinito de arrugas y sus manos esqueléticas y blanquísimas pese a que temblaban, aún mantenían la vela que alumbraba su camino en la oscuridad.


Cuco estaba con vida… ¿Qué tipo de engaño había sido este?


Intenté voltear a mirar a Margarita pero mi cuello, así como el resto de mi cuerpo, permanecía inmóvil; apenas si podía girar con dificultad los ojos para verla de reojo y detrás de ella a Rafaelo. A mi lado permanecía Natasha; pero ella, a diferencia del resto, estaba moviendo la cabeza en señal de negación, a medida que la anciana se acercaba más y más.


-Cuco… Cuco, llévalos al centro de la sala. Los quiero todos juntos…-dijo la vieja, y acto seguido apagó la llama de la vela con un soplido.


Entonces, Cuco apareció de las sombras. Era el mismo: su ropa grande y de muchos colores mal combinados, su caminar lento y sus movimientos torpes. Pero algo había cambiado en él. Su mirada estaba perdida, rígida y sin pestañeos; estaba más pálido que de costumbre y su voz era mucho más pausada cuando respondió:


-Si…abuela.

Se acercó a la inmóvil y muda Margarita y la tomó de los hombros alzándola con gran facilidad; estaba volteándose para llevarla al centro de la sala cuando Natasha gritó:


-Déjenos ir!. Se lo ruego, perdónenos la vida!!!


-Jajajajajaja-rió la anciana al acercarse-  Podría dejarte ir porque no me sirves…podrías guardar silencio pero nunca haces caso…gritona!


Natasha la miró a los ojos como intentando descubrir algo oculto en su vítreo mirar .
Permanecieron unos instantes asi, viéndose la una a la otra sin pestañear.

De repente, Natasha entró en pánico y dos lágrimas rodaron velozmente por sus mejillas.

-¡Déjenos salir!, ¡déjenos salir!- Gritó con la desesperada voz de quien ha hecho un descubrimiento-No diremos nada, no haremos nada, se lo ruego, se lo suplico, déjenos salir!


La anciana negaba con la cabeza mientras reía.


-Rafaelo, ayúdame mi amor, sácame de acá-continuaba sollozando desesperada-, ¡esta no es una anciana!, esta, esta...


No alcanzamos a escuchar con claridad sus últimas palabras que sonaron inundadas por la sangre. Justo antes de que Natasha nos dijera el verdadero origen de la abuela de Cuco, esta sacó su asquerosa y puntiaguda lengua y perforó la garganta de Natasha de un solo golpe. Apenas pudimos ver como con sus últimos esfuerzos intentaba terminar su frase antes que su cuello empezara a lanzar chorros de sangre y cayera muerta a mis pies.


Nosotros que estábamos inmóviles de cuerpo y habla apenas pudimos gemir de horror sobre lo que estábamos viendo en aquel momento.  Cuco continuó llevando a Margarita al centro de la sala y regresó por Rafaelo quien con ojos extremadamente abiertos contemplaba el cuerpo sin vida de su amor bañado en su propia sangre.


Cuando los tres quedamos en el centro de la sala, totalmente petrificados pese a que no teníamos  atadura alguna, la anciana se acercó a Rafaelo y le susurró al oído:


-Demasiado buena para ti…demasiado activa para ti…¿creíste que iba a dejar que durara más tiempo?, jajajajajajajaja…-y continuó:


-Cuanto tiempo los he estado esperando mis niños…por fin los tengo de frente…tanto tiempo mirándolos desde las sombras, tanto tiempo preparándome para este momento….cuidándolos….para mi….


Mi mirada de desconcierto se hizo más que notoria, no podía entender como Cuco (a quien habíamos enterrado, aún estaba con vida), ni como ahora nos encontrábamos paralizados e inmovilizados por estos hilos invisibles... tampoco como esa anciana había matado a Natasha de aquella forma..no podía entender absolutamente nada...ni lo que estaba pasando, ni sus  palabras sin sentido. Cuco permanecía a su lado sin parpadear, con la  mirada perdida y vacía, como una especie de robot gordo y torpe.


¿Es que aún no comprenden? ¿Aún no saben lo privilegiados que son al haber sido mis elegidos?-dijo respondiendo al ver mi mirada desconcertada.


-Los he estado esperando por tanto tiempo-continuó-Ustedes no encontraron a Cuco, el los encontró para mi….es su labor, mi marioneta busca lo que deseo y lo que deseo es…

Margarita gimió desesperada al ver cuando la anciana volvió a sacar su acuosa lengua afilada que le llegó a la mitad del pecho.


Cuco fue una buena marioneta-prosiguió-pero hoy, antes que los devore, uno de ustedes lo reemplazará y estará a mi lado por los próximos 36 años, así como el lo estuvo….el resto no se preocupe…será mi alimento!


La vieja nos miró mientras se reía mostrando sus dientes verdes y disparejos; retrocedió unos pasos y dibujó un círculo invisible en el aire; puso la palma de la mano en el y fue cerrando poco a poco el puño. Miró a Cuco y le dijo:


-¿Alguien en mente?


-Margarita, abuela, porque Margarita nunca me quiso…


-Me parece bien, Cuco, -respondió- y caminó hacia ella- hace varios siglos que no tengo una mujer como marioneta y quizás esta podría funcionar...


Margarita empezó a gemir de nuevo haciendo esfuerzos sobrehumanos para intentar en vano de liberarse y huir. Yo solamente podía mirar la escena con ojos desorbitados,; creo que si hubiera tenido control sobre mi cuerpo, hacía tiempo habría perdido el control sobre mis esfínteres. Rafaelo estaba lejos de mi limitado alcance visual. Tampoco lo escuchaba gemir.
La anciana se acercó a ella y con la uña de su pulgar derecho hizo una señal en su frente. Recitó unos versos incomprensibles y luego llamó a Cuco. Este miró a la anciana y cuan alto era, comenzó a dejar escurrir su saliva verde sobre la frente de Margarita. Y allí permanecieron por largo rato mientras la abuela regresaba al círculo invisible que había dibujado con la mano.

-Energía Inútil- Todo se trata de energía inútil- dijo-muchos de nosotros  nos alimentamos de la energía de los demás, de sus estados de ánimo, de sus temperamentos…pero, es una energía efímera y pasajera; pero yo... yo descubrí que la energía inútil es más durable, pura y casi ilimitada… ustedes, mi fuente de energía inútil, mi alimento…una vez consuma su energía inútil, podré descansar por muchísimos mas años de los que he descansado antes….todo aquello que nunca hicieron, todo aquello que pudieron hacer o pensaron hacer pero que solo quedó en eso…toda esa energía que pudieron emplear y se quedó estática…muerta…inútil…todo ese cúmulo de energías ni siquiera desperdiciadas es de lo que yo me alimento…y para ser un buen alimento, ustedes se han dejado cosechar muy bien!


No fué necesario  buscar más explicaciones a las preguntas que hacía unos instantes me había hecho. Esa cosa, sea lo que fuere, había usado a Cuco (su nieto, marioneta, esclavo o lo que sea), para aumentar nuestra inutilidad… aquellos hechos fortuitamente extraños que habían acontecido con nosotros (ganar la lotería, encontrar el amor o liberarse de los maltratos de Ángela), habían sido provocados premeditadamente por la abuela de Cuco…¿como?No tenia ni idea....cuanto deseaba una botella de ron…


La mujer se acercó a Rafaelo, y yo, de reojo,  podía observar como Cuco bañaba a Margarita con su saliva verde la cual ya cubría por completo su cabeza.


-¿Este no responde? –dijo la abuela al ver a Rafaelo, quien evidentemente se había desmayado al ver la muerte de su amada a manos de la anciana.


-Vamos a probar la energía inútil de la sucia vida de Rafaelo…


La mujer dijo un par de palabras en un lenguaje extraño y de repente, aquel círculo invisible que había dibujado en el aire se volvió de un naranja fulgurante y las manchas de ese mismo color se hicieron más visibles y brillantes en la piel de Rafaelo. Poco a poco, empezaron a desprenderse de estas unos amorfos hilos de luz que llenaron el círculo en el aire. Toda la habitación se iluminó de naranja y pude ver donde quedaba el bar…tristemente no podía hacer nada para apoderarme de una botella. La abuela de Cuco miro complacida como se llenaba por completo el círculo y caminó poniéndose detrás de este.


-El círculo de Abasa, contenedor de energía inútil-dijo-los druidas lo conocían, pero lo hemos mejorado…el aire es un elemento más etéreo que la roca y más manipulable….mi contenedor está casi lleno!


Giré los ojos para ver a Rafaelo pero lo poco que me permitíó la vista fue hallar un cúmulo de músculos y huesos que expedían visos naranja viajando hacia el círculo de Abasa. Con terror, giré los ojos hacia Margarita quien ya era una masa de saliva verde que seguía saliendo de la boca de Cuco. Estaba completamente solo.  Mi terror aumentó cuando la anciana sacó su horrible y puntiaguda lengua viscosa y comenzó a lamer los bordes del círculo naranja. Poco a poco, alargó más y más su lengua hasta lamer por completo el diámetro. Entonces aceleró la acción y comenzó a succionar la energía inútil que se encontraba contenida. Después de largos minutos, la energía del difunto Rafaelo había desaparecido y la abuela de Cuco comenzó a reír copiosamente. Su piel brillaba de color naranja y su semblante parecía mucho más monstruoso y casi menos humano.



-Esta energía inútil es deliciosa! –gritó- no saben el bienestar que me ha dado…ahora, no puedo perder el tiempo más contigo, porque sigues tú, y me comeré tu energía antes que Margarita sea mi nueva marioneta…


Se acercó a mí y de nuevo repitió esas irreconocibles palabras, pero además sacó su lengua horrible y la pasó por mi frente haciéndome una herida sangrante. Sin demora, comenzó a salir de mis manchas los mismos visos naranjas que habían salido de Rafaelo. La energía inútil escapaba de mí y a diferencia de Rafaelo, esta llenó mucho más rápido el círculo de Abasa, los destellos no dejaban de salir de mi cuerpo y empezaban a desbordar los límites del círculo llenando la sala de una intensa y cegadora luz naranja. La abuela de Cuco tenía una mirada más que sorprendida y pareciera como si nunca hubiese visto tal cantidad de energía inútil acumulada en un círculo; se lanzó hacia el y empezó a lamer los bordes, pero la energía inútil procedente de mi seguía saliendo como un torrente infinito. La anciana lamía el borde y cuando intentaba continuar hacia el centro del círculo, el borde se volvía a llenar y ella de nuevo regresaba a lamerlo; primero con un gustoso apetito y luego con desesperación, como deseando tener más lenguas que la ayudaran en aquella labor. Tuve que cerrar los ojos por que la intensa luz naranja que reinaba en todo el lugar los hería fuertemente, mientras que   la energía inútil seguía saliendo de mi cuerpo como una fuente ilimitada.




A veces escuchaba la voz de la anciana intentando tragar toda esa energía y la mujer se oía ahogada en medio de sus lengüetazos. Calculé que habían pasado unos quince minutos cuando abrí los ojos y pude verla aun lamiendo los bordes del círculo, totalmente desesperada y fuera de sí, moviéndose a gran velocidad pese a su edad...la vieja estaba mesmerizada en aquella acción de lamer la energía que seguía saliendo de mi cuerpo. Pasó un tiempo y continuaba viéndola fuera de si, aun lamiendo el desbordado límite del círculo. 
Unos momentos después, de detuvo y me miró. Trató de decir algo pero su voz ahogada no me permitió escuchar. Se tomó el pecho y calló de espaldas estrellando su cuerpo contra la mesa de centro de la sala. La energía inútil seguía fluyendo de mi cuerpo hacia el círculo de Abasa. Unos minutos después, caí al piso y me desmayé.




EPÍLOGO


Hoy vi por la televisión que habían inventado un nuevo formato para ver películas. Se llama Compact Disc (o C.D). Es una lástima que Rafaelo no lo hubiera llegado a conocer. Tal vez rente una de sus películas clásicas en su honor.  No lo niego, a veces lo extraño, sobre todo cuando íbamos a beber. Todos estos años he tratado de analizar lo que pasó esa noche y sigo llegando a la conclusión que mi energía inútil fue lo que me salvó la vida.

La abuela de Cuco se había alimentado de la energía de Rafaelo, pero al notar que mi inutilidad vista en términos de luces era mucho mayor,  se lanzó ansiosa a comerla...sin embargo, esta era tan abundante, que no pudo con tanta y cayó muerta sobrecargada con mi energía inútil; supongo que no se puede acumular energía sin gastar ni un poco, porque el contenedor se malogra…fué su caso, creo... 

Cuando abrí los ojos, estaba fuera del apartamento de Cuco y Ángela me miraba con ojos piadosos. Ella, de quien no había sabido nada desde el viaje a Moncowa, había olvidado de nuevo sus llaves y me fué a buscar al lugar donde tiempo atrás me había estallado una lámpara de cristal en la cabeza: El apartamento de Cuco. Allí me encontró desmayado en el piso de aquel desastre ocasionado por la anciana y su marioneta en una sala naranja con los restos esqueléticos de Rafaelo, el cadáver de Natasha y la misma anciana muerta por una sobredosis de mi energía inútil.


Momentos después pude entender la mirada triste de Ángela al rescatarme de aquel lugar. El círculo de Abasa me había cobrado la energía y mis piernas se habían ido poco a poco convertidas en destellos naranjas. Ahora, solo tenía por extremidades unos hilos de carne y hueso que colgaban de mi cadera.

Antes de irnos, le rogué que regresáramos por Margarita. 
Lo que encontramos no fue nada agradable.  Cuco había desaparecido por completo. Sus ropas estaban en el piso rodeadas de su saliva verde, como si finalmente se hubiera convertido en esto mientras ensalivaba a Margarita. Ella estaba cubierta de una masa proveniente de aquella salivación endurecida. Con dificultad, pudimos romper aquel recubrimiento y la hallamos aún viva. Pero ya no era Margarita. Era una mujer tiesa y fría, como un maniquí idéntico a un ser humano, pero seco por dentro y por fuera. Cuco la había convertido en la nueva marioneta de su abuela para que en un futuro buscara otra cosecha de energía inútil; mas, al ya no haber quien la manejara, la marioneta quedó estática a la espera de algún mandato.



Al otro día nos mudamos de allí y nos fuimos a vivir al sur de Victoria. Nuestro escape fue rápido porque no teníamos como explicar los cadáveres en la sala de Cuco, y porque además, encontramos mucho dinero guardado en las habitaciones.  Al principio me costó un poco de trabajo moverme con esta silla de ruedas, pero luego pensé que si aún tuviera piernas, tendría que usarlas y eso me cansaría más; además en la silla de ruedas puedo esconder algunas botellas de alcohol cuando voy de viaje en avión.


Aunque insistí en traer a Margarita con nosotros, Ángela se opuso, así que la dejamos en nuestro antiguo apartamento, escondida en un armario con llave. No quiero ni imaginar la cara que pondrán los nuevos inquilinos cuando la encuentren… ha de ser divertidísimo.


A veces pienso que siempre he estado predestinado a ser un inútil, y eso es lo que mejor se hacer. Finalmente fue lo que me salvó la vida. ¿y... que es la vida? Bueno, la vida es estar sentado en mi silla de ruedas, comiendo frituras, emborrachándome y viendo la lucha libre. Mi gran premio y todo lo que realmente me merezco y lo único que realmente necesito para vivir.


FIN

jueves, 25 de octubre de 2012

ENERGÍA INÚTIL Capítulo II : "Mi esposa y Yo"


ENERGÍA INÚTIL

Por Arturo Londoño Amórtegui

Capítulo II
 “Mi esposa y Yo”

 


…Aquella noche de sábado, donde por fin pudimos entrar al apartamento de Cuco y abusar con extremo descaro de su hospitalidad y estupidez, fue el inicio del fin de aquella hermandad y el giro irreversible de nuestras inútiles vidas hacia la fatalidad.



De un tiempo para acá, Margarita se había vuelto aún más insistente en su interés por conocer el apartamento de Cuco, y catapultada por Rafaelo, quien se moría por ver un VHS, me había obligado literalmente a realizar un seguimiento exhaustivo a las actividades de Cuco y su abuela (a quien no había visto jamás); así que, esa misma semana que me lo topé en la escalera, no fue difícil  obtener información sobre la ausencia de esta para aquel fin de semana venidero. A los pocos minutos y después de pedirle dinero prestado (el cual, como siempre, nunca pagué) llamé con urgencia a Margarita comentándole la nueva noticia. Mi labor de informante había terminado y no fue difícil para ella convencerlo que nos acogiera en su apartamento aquel sábado en la noche para realizar una pequeña reunión; al fin y al cabo, oficializaríamos su entrada a nuestra hermandad de “Amigos para Siempre”.

Creo que Cuco estaba enamorado de Margarita. Margarita no era fea. Tampoco era hermosa, pero sabía sacar provecho de otros recursos como el abuso excesivo de las aperturas de sus escotes y en sus cortísimas faldas para llamar la atención. La primera vez que Margarita, Rafaelo y yo habíamos salido junto con Cuco, vimos de inmediato el gran potencial de su billetera. No solo pagó costosísima cuenta del bar donde fuimos a beber, así como la cena y antes de eso las entradas al cine y la comida; también dio dinero a Rafaelo para que gastara en pornografía checoslovaca disfrazada de cine ecológico europeo, compró aretes y otras joyas a Margarita quien prometió descaradamente pagarle al lunes siguiente. Finalmente nos llevó a casa en el mismo taxi asumiendo los costos del transporte. Como en aquella ocasión me vio tan golpeado quiso comprarme vendas y otros medicamentos, pero yo rechacé tajantemente su ofrecimiento abogando a que en el lugar donde nos encontrábamos no habían los necesarios para curar mis heridas; así que le propuse me diera el dinero y como al día siguiente tenía que ir de nuevo a revisión médica, los compraría en aquel lugar. 

Al otro día me emborraché de una manera tal que regresé a casa pasados dos días gracias al generoso aporte del desinteresado Cuco. ¿Se podía ser más estúpido que el? Lo dudo.


Yo solía verme muy lastimado por ciertas épocas; no era así siempre, pero a veces pasaba, esta era una de ellas. Cuando Cuco me preguntó sobre mi aspecto, yo simplemente respondí que había caído por la escalera cuando traté de atrapar el último mendrugo de pan que tenía para la cena. La técnica funcionaba de maravilla y Cuco no solo insistió en darme dinero para mis medicamentos, también me proporcionó un dinero extra para alimentarme mejor y reponerme del todo; entonces sacaba grandes cantidades de billetes doblados y arrugados de sus bolsillos y sin dudarlo me los daba.

Al principio yo fingía verguenza; Mas adelante simplemente estiraba la mano y tomaba el dinero. El ejercicio se repetía con Margarita y Rafaelo, a quienes siempre les pasaba algo malo también. Cuco seguía dándonos dinero e invitándonos a lo que nos antojara. Éramos felices.

A mí me convenía que me viera herido, pues así se alarmaba  y corría a darme más billetes que a los demás. Yo ya estaba a acostumbrado a los golpes y hematomas y recibir dinero extra, me encantaba aún más.

Siempre viví de los golpes. Me había casado demasiado joven pero eso me tenía sin cuidado; nunca aspiré a tener una vida muy trabajosa, por lo que cuando conocí a Ángela (o ella me conoció a mi), acepté de inmediato la precoz propuesta de casamiento de mujer que ya había pasado los cuarenta años, sin importar que solo llevábamos 7 meses de conocernos. Al fin y al cabo, ella, quien trabajaba como psicóloga me podía ofrecer lo que un joven como yo, recién salido de sus estudios básicos y sin ningún interés por el futuro podía pedir: dinero, comida, techo, licor y el último modelo de walkman salido al mercado.

No pasó mucho tiempo para darnos cuenta como éramos mutuamente; ella, quien de antemano intuía mi poco interés en conseguir trabajo, alguna vez intentó que yo me apersonara de las labores del hogar, mientras continuaba con su empleo de psicóloga de parejas; así que me pidió un día planchar toda nuestra ropa. El solo hecho de conectar a la electricidad la plancha y tener que quitar todas las arrugas produjo en mi un profundo rechazo;  así que cuando ella regresó de noche al apartamento, no solo no encontró toda la ropa sin planchar; también halló medio lugar lleno de humo y fuego producto dedejar la plancha conectada todo el día mientras queyo dormía plácidamente con el televisor encendido.Ángela no dijo nada al encontrar lo sucedido. Lo siguiente que recuerdo es verla corriendo hacia mí con la plancha aún caliente en la mano. Luego sentí un golpe seco y ardiente en la cabeza y perdí el sentido. No fue la primera vez que Ángela me golpeó con utensilios del hogar; como nunca estaba pendiente del proceso de cocción de los alimentos, era muy frecuente que estos se quemaran, así que mi esposa viendo los desastres ocasionados por mi inutilidad culinaria, no escatimaba esfuerzos en golpearme el rostro con las ollas aún calientes o lanzarme vasos, pocillos y platos a la cara, e incluso sopas calientes que con el tiempo aprendí a esquivar con agilidad. El día en que se cumplieron 10 meses desde que me pidió clavar una puntilla para colgar un cuadro en la pared y yo no lo había hecho, me dio un martillazo y me rompió de un solo golpe todos los dientes frontales. Como de vez en cuando Ángela debía mostrarme en sociedad por cuestiones laborales y familiares, no tardaba mucho en cubrir sus maltratos con cirugías y  otros arreglos físicos. Yo por mi parte, me mantenía enfocado en ver televisión, escuchar música de mi walkman, jugar billar y dormir hasta tarde, con tal que ella me siguiera dando techo y dinero para embriagarme; a cambio yo debía estar a su lado, mostrarme en sociedad cuando ella lo considerara, aguantar el dolor de sus agresiones y cumplir con los deberes conyugales dignos de mi género.

Como en una ocasión me torció el tabique con una botella de vodka que me estaba tomando, por fin enfurecí (mas por el hecho de que había regado el precioso licor que por el golpe mismo) la amenacé con dejar el hogar y demandarla; entonces, pareció entrar en una aterradora crisis de histeria nerviosa y llanto, y en un acto de arrepentimiento desesperado para evitarlo, prometió no ser tan drástica en su forma de actuar y no solo aumentó el dinero que me daba para mis gastos, también me permitió pasar algo más de tiempo libre para estar con mis amigos (por aquella  época recién había conocido a Rafaelo);y  también disminuyó un poco sus agresiones; en contrapeso a esto, empezó a insultarme con mayor frecuenciacada vez que le placía. Definitivamente no todo podía perfecto.

Aquel sábado, estaba libre de Ángela quien se había ido a visitar a su madre (en realidad estaba de fiesta con sus colegas, pero me tenía sin cuidado), y tal como se lo había prometido a Cuco, llegamos en punto de las 8:00 PM a su apartamento. Cuando por fin asomó su cara de idiota feliz por la puerta, ví como cambiaba su expresión de imbécil normal a imbécil enamorado justo en el momento en que vió a Margarita.

 
-Sígan, adelante, queridos amigos- dijo al abrir la puerta.


Y entramos de inmediato dispuestos a exceder el límite de abuso ya establecido a la confianza de Cuco. Tan pronto vi su inmensa sala con costosísimos sofás de cuero, me lancé sobre los mismos y le pedí una cerveza (previamente le había dado una lista mínima de compras para nuestra atención); ya había encendido un cigarrillo cuya ceniza tiraba sobre su alfombra persa cuando vi que Margarita ya merodeaba todos los cuartos del apartamento previa confirmación de la ausencia de la abuela. Solo Rafaelo se encontraba retraído y distante, cruzando las piernas y encogiendo los brazos; yo podía comprenderlo bien, me pasaba a menudo cuando llevaba un tiempo sin beber alcohol, pero en el caso de Rafaelo, verle salir a la calle dejando el encierro y el bienestar que su pornografía le proporcionaban equivalía al síndrome de abstinencia de cualquier adicto. Unos instantes después regresó Cuco con nuestras cervezas servidas en unas extrañas copas metalizadas y brillantes más parecidas a esas de donde bebe el cura cuando da la comunión en la iglesia que una copa de una casa normal; claro, nada había normal en esa casa, pero después de beber toda la noche, comer todo lo que se nos antojaba comer (cargado al servicio a domicilio pagado por Cuco), desvalijar lo que se nos ocurría y robar varias cosas que nos parecían curiosas, las copas raras poco importaban; sobre las 2:15 AM un sonido diferente irrumpió el lugar, una secuencia de golpes secos y furiosos se estrellaban contra la puerta de madera, una sorpresa inesperada había mutilado nuestra felicidad impidiendo que Cuco fuera ingresado a nuestra hermandad, tal como había sido nuestro objetivo inicial (si, claro…)


Continuará…
 

miércoles, 17 de octubre de 2012

ENERGÍA INÚTIL Capítulo I : “La Hermandad de los Inútiles”




ENERGÍA INÚTIL

Por Arturo Londoño Amórtegui


Capítulo I
 “La Hermandad de los Inútiles”



Ilustración: Arturo Londoño Amórtegui

“Cuco” fue el último en unirse a nuestra hermandad. Nunca supimos su verdadero nombre ni mucho menos su apellido, aunque realmente esto no importaba. Para ser miembro de nuestro grupo, el nombre era lo de menos. Solo se debía cumplir una serie de características especiales que Cuco tampoco presentaba; sin embargo, tenía una gran ventaja que hizo que su vinculación a nuestra hermandad fuera una excepción a la regla: Cuco era extremadamente rico. Rico e idiota. El mesías que habíamos esperado por largos años y que por fin había llegado para complacer los deseos y ocurrencias en pro de cumplir nuestro fraternal lema: 

“No hacer nada útil”.

La tarde en que lo vi llegar por primera vez al edificio, me pareció el remedo de un dibujo de esos hecho por los niños de primaria: Alto y obeso vestido con una camiseta de Mickey Mouse metida dentro de un pantalón  de pana café que le llegaba hasta arriba del tobillo. –Un idiota completo- pensé desde que lo ví a lo lejos y mi percepción era ratificada por sus torpes movimientos de tipo grande que no puede coordinar un paso tras otro sin enredarse con sus propios pies.

Yo permanecí un rato mirando como trataba de coordinar a los hombres que le hacían la mudanza en el edificio y me reía a carcajadas viendo como estos tipos le tomaban del pelo y amontonaban en el piso de mala manera y dejaban caer las innumerables cajas y muebles que Cuco traía consigo; sin embargo, mi interés hacia el dejó ser netamente por burla hasta el momento en que lo vi sacar de su bolsillo una abominable cantidad de billetes arrugados que le daba sin contar a los hombres para que fueran a comprar un refresco, para que después del descanso terminaran de subir las cajas al quinto piso donde se había mudado.

No tardé mucho en contarle a Rafaelo sobre el nuevo inquilino del edificio.  Rafaelo (De hecho se llamaba Rafael), era mi gran amigo y segundo miembro de la “Hermandad de los Inútiles”; si bien, no era tan inútil como yo, se encontraba en proceso de ser una fuerte competencia. A diferencia mía (que nunca lo había hecho), Rafaelo trabajó por un tiempo; incluso, cuenta la leyenda, llegó a ser maestro de escuela por un par de años. Un día dejó de ir a clases sin explicación alguna. Las directivas lo llamaron a su teléfono y la dueña de la casona donde este rentaba una habitación para vivir les comentó que parecía que estuviese enfermo ya que no había salido en tres días. Una semana después,  la dueña de la casona, extrañada por el total  silencio de Rafaelo, le pidió a su esposo que forzara la cerradura de la habitación (creyendo que Rafaelo había  muerto), Entonces sintieron una inmunda pestilencia y el hedor de las moscas que volaban por todo el lugar; Rafaelo no estaba muerto; lo encontraron sentado en el piso de su habitación rodeado de montañas y montañas de casetes de Betamax con películas pornográficas que veía absorto, sin parpadear, sin descansar e incluso sin dormir. Por más que intentaron moverlo del lugar, les fue imposible. Rafaelo en un estado de mesmerismo solo pudo ser levantado por dos policías que lo golpearon después de apagar el televisor para llevarlo a la calle y dejarlo a su suerte por orden de la dueña de la casona. Desde esa noche, los vecinos jamás olvidaron la imagen de los dos policías sacando a empujones a un esqueleto desnudo a la calle para después golpearlo en las costillas y piernas. El departamento de psicología de la Escuela donde Rafaelo trabajaba culpó la conducta del educador al stress generado por las clases, y temiendo una denuncia por parte de este, le dió una generosa suma de dinero para que se fuera una semana de vacaciones a las islas y regresara renovado a sus labores. Rafaelo no solo no viajó como lo habían propuesto sus directivos, sino que gastó todo ese dinero en pornografía. Pronto se hizo amigo de un distribuidor mayorista de estos casetes y consiguió más rebajas en sus compras; con el tiempo obtuvo un carnet de cliente fiel y pudo redimir puntos en almacenes de cadena. De esto habían pasado ya tres años hasta cuando lo conocí. Para ese entonces, Rafaelo no era solo un cadáver ambulante que veía sus películas 18 de las 24 horas del día, sino que tenía la colección de casetes de Betamax más grande del país de este género y las alquilaba para suplir sus necesidades más básicas y continuar comprando más y más películas. Así pues, que cuando no se la pasaba encerrado entre sus casetes viendo los filmes, solía ir a beber conmigo, cosa en la que, realmente yo le llevaba amplísima ventaja.


Cuando le hablé por primera vez a Rafaelo de la forma en que Cuco repartía su dinero sin el mayor interés por su denominación, vi un brillo en sus ojos que nunca había visto antes, más aún cuando le conté que Cuco tenía un nuevo aparato para ver películas llamado VHS. Pasó muy poco tiempo para que sustrajéramos este reproductor de su apartamento y Rafaelo desapareciera por largas semanas mientras veía en VHS sus clásicos remasterizados.

Sin embargo, no fue fácil entrar por primera vez al apartamento de Cuco. Pese a que ya llevábamos un par de meses de “amistad”, siempre fue reacio a dejarnos entrar por temor a su abuela. Si…este imbécil de casi dos metros temía que su abuela –con quien únicamente vivía- se ofuscara si veía a alguien extraño en el lugar. Por fortuna, la vieja solía ir al campo un fin  de semana al mes dejando lugar para nosotros. Fue Margarita quien finalmente y aprovechando el viaje de la anciana, lo convenció de dejarnos entrar una noche a su apartamento. Con la excusa de crear un pacto de amistad entre los cuatro y hacerlo parte formal de nuestra hermandad de “Amigos para Siempre”; una estrategia que finalmente sirvió para que pudiéramos conocer el impresionante apartamento de Cuco.

Si Rafaelo era un inútil cuya única ambición era tener la colección de películas para adultos más grande del mundo, Margarita era una inútil cuya sagacidad para salirse con la suya era directamente proporcional a sus ganas de no esforzarse en demasía. Alguna vez, Margarita trabajó para una oficina de operaciones contables. Como en esos días empezaban a utilizar el computador para hacer las cuentas, Margarita aprendió con suma habilidad el uso del teclado numérico a tal punto que se convirtió en la digitadora más hábil e imprescindible de toda la empresa. Un año  y medio de infatigable trabajo, Margarita demandó a su antigua empresa por “lesiones irreversibles en su túnel carpiano” y consiguió una pensión vitalicia gracias a los resultados de los estudios médicos hechos casualmente por un familiar suyo.


Aquella noche de sábado, donde por fin pudimos entrar al apartamento de Cuco y abusar con extremo descaro de su hospitalidad y estupidez, fue el inicio del fin de aquella hermandad y el giro irreversible de nuestras inútiles vidas hacia la fatalidad.


Continuará...
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