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martes, 8 de enero de 2013

Energía Inútil Capítulo Final : ¨La Marioneta y el círculo de Abasa"



Capítulo V

Capítulo Final
“La marioneta y el círculo de Abasa ”






(…) Natasha se involucró aún más convirtiéndose en nuestra guía espiritual de invocaciones (gracias a la experiencia de su nana), pero el fantasma de Cuco solo continuaba atormentándonos en lugar de unirse a nuestra ceremonia.
Exhausta, Natasha admitió:
-El problema es el lugar, hay que llamar su espíritu en el lugar donde iban a hacer el juramento…
Y regresamos esa misma tarde a la ciudad; entonces, ya nada volvió a ser como antes.

Margarita respiró profundamente antes de tocar la puerta del apartamento de Cuco con la palma de la mano. Me miró con ojos temerosos y cristalinos antes de exhalar lentamente una bocanada de aire, como queriendo con ello retrasar la entrada al lugar. Detrás nuestro Natasha y Rafaelo se besaban copiosamente, como siempre solían hacerlo. Yo miré a Margarita antes de tomar el último trago de una botella de jerez que venía bebiendo desde el avión.

-Si esto no funciona aquí, me daré por vencida- dijo Natasha.


-Espero que así sea- respondí mientras me tapaba la nariz con la mano para evitar seguir oliendo el dulcísimo olor de Cuco que había aumentado desde que llegamos al lugar.


Margarita sacó de su bolsillo un manojo de llaves que le había dado el portero del edificio a cambio de una buena suma de dinero; previamente habíamos preguntado a este si la abuela de Cuco se encontraba en el lugar, a lo cual el hombre nos había respondido que desde la muerte de su nieto, esta no había aparecido.


No fue necesario usar las llaves. Al introducirlas en la cerradura, Margarita se dio cuenta que la puerta estaba abierta y solo la empujó suavemente hasta abrirla. Se escuchó un leve chillido de las bisagras mientras entramos lentamente uno tras otro hasta la amplia sala del apartamento. Intentamos prender alguna luz pero fue imposible encontrar un interruptor en la pared; permanecimos a oscuras mientras que Rafaelo haciendo memoria, ubicaba a ciegas una de las lámparas que se encontraban en las mesas; después de tropezar y maldecir en un par de ocasiones, por fin pudo encender una lámpara que iluminó tenuemente aquel lugar. De inmediato, intenté buscar dónde se encontraban las botellas de licor  y me dirigí hacia un pequeño bar ubicado en una pared contigua. Natasha me tomó por el brazo y me detuvo.

-No!.-dijo secamente-.


Nos pidió que nos juntáramos y así como lo había hecho tantas veces en Moncowa, comenzó a invocar al espíritu de Cuco:


-Cuco, amigo, hermano, compañero... sabemos que tu alma se encuentra errante por los senderos que recorriste en vida... hoy estamos aquí, implorando tu presencia para liberarte de las ataduras terrenales y cumplir con nuestras promesas…. Cuco, amigo, hermano, compañero... sabemos que tu alma se encuentra errante por los senderos que recorriste en vida...


Continuamos por largos minutos esperando que el espectro de Cuco apareciera, pero no fue así. Mantuvimos la paciencia como única opción de librarnos de el, pero con el paso del tiempo, la voz de Natasha se volvió desesperanzada y eso hizo mella en nuestra confianza. 
Justo cuando Natasha había llegado al punto de repetir por repetir la invocación, y ya nos habíamos sentado en los mismos sofás donde tiempo atrás yo me acostaba borracho, sentimos uno leve ruido proveniente de las habitaciones; un paso lento... y unos segundos después otro paso. Luego, silencio absoluto. Permanecimos petrificados por el sonido.


-Es el!, es el!-chilló Margarita mientras me clavaba las uñas en el brazo.


-Puede ser cualquier cosa-respondí apático-


-Cállense, estúpidos!-protestó Natasha, y continuó:


-Amado Cuco, si esta es tu esencia que se hace presente, y deseas que permanezcamos en el lugar que fue tu hogar, indícanos...


De nuevo el silencio inundó el lugar.



-¿Que les dije?, eso no es nada, pudo ser cualq….


De nuevo se escucharon dos pasos, iguales de lentos y cansados que los anteriores.


-Es el! Es el ¡ Maldita sea!...es Cuco!-volvió a chillar Margarita.


Natasha asintió con una mirada seria y pétrea que jamás le había visto, y mucho menos en sus películas.


-¿Que hacemos ahora?-Preguntó Rafaelo, quien hasta el momento había mantenido total silencio.


-Vamos a buscarlo, somos nosotros quienes lo invocamos-respondió Natasha.


Caminamos lentamente en fila india hasta adentrarnos en un pasillo donde la luz de la lámpara de la sala ya no nos iluminaba. Natasha permanecía con sus innovaciones en voz baja mientras Margarita se aferraba a mi brazo enterrando sus uñas. Detrás mío, Rafaelo no me soltaba la camisa, y yo, solo deseaba tropezar con una botella y beberla de inmediato para retomar el valor que me faltaba.


Entonces, nos detuvimos de inmediato y dimos un sobresalto de terror. Frente nuestro, flotaba una llama pequeña amarilla que se movía al compás del viento.

Poco a poco la llama se fue acercando y aumentando de tamaño, hasta que dejó ver que tras ella se escondía lo que parecía ser un rostro arrugado y pálido, lleno de sombras y pliegues espantosos.


-¿Quién anda allí?-dijo una voz cansada y aguda.


Después de unos instantes comprendí lo estúpidos  que habíamos sido hasta ese momento: 

Ningún espectro había respondido las peticiones de Natasha; esa voz  no era de otra persona que de la abuela de Cuco, y nosotros cuatro, en lugar de estar muertos del susto, podíamos matar de miedo a aquella pobre vieja...¡valientes estúpidos! entonces, traté de hablar en voz baja y les indiqué que retrocediéramos antes de ser vistos y continuar con aquellatontería.


-¿Quién anda allí?-¿Quién, quién es?-volvió a preguntar la anciana.


Casi al momento de regresar a la sala y ser  visibles, le dije a Natasha:


-Esa es la abuela de Cuco!, vámonos ya antes que le dé un infarto por culpa nuestra!


-Pero nos dijeron que no había nadie!-Susurró Margarita-


-Pues nos dijeron mal!-protesté- vámonos ya!


-¿Quién anda allí?-¿Cuco?, hijito? ¿Eres tu?-dijo la mujer con voz nerviosa.



Una sensación de tristeza sacudió mi cuerpo, el solo hecho de imaginar a aquella anciana solitaria, aun creyendo que su nieto continuaba con vida y que su muerte solo había sido un sueño,  me hizo dar cuenta que el olor, así como su voz y su “fantasma”, estaban en nuestra conciencia, y que el recuerdo apegado en su abuela, era la prueba fehaciente de ello. 
Sentí nostalgia, vergüenza, pena, y a medida que continuaba retrocediendo para escapar del lugar antes de ser visto, su olor se hacía cada vez más fuerte y desesperante.


-Señora…Señora, disculpe, no se asuste por favor-dijo Margarita con la voz temblorosa- Somos nosotros…los amigos de Cuco…no sabíamos que usted  estaba aquí…solo veníamos a hacerle un homenaje a su nieto…no se asuste…discúlpenos...no encontramos como encender la luz...


-¿Cuco? ¿eres tú?, ¿Estás allí?-volvió a preguntar la abuela a medida que se acercaba más a la sala donde ya habíamos llegado -


-Vámonos ya!-le dije a Rafaelo- Esta viejita es sorda, vámonos antes que nos vea, Margarita…Natasha….vámonos!


Halé a las dos mujeres unos pasos pero no pudimos avanzar más. Una fuerza extraña sacudió nuestros cuerpos y nos hizo permanecer inmóviles en la sala del apartamento, justo al instante que escuchamos otra voz:


-Si, abuelita…aquí estoy...


-¡Si, Cuco, que bueno!, entonces…¡ya estamos todos!- Dijo la anciana con una extraña voz risueña.


Unos momentos después, la tenue luz de la lámpara de la sala nos permitió ver por primera vez a la abuela de Cuco. Era una mujer enjuta y encorvada que arrastraba sus pies lentamente a medida que se aproximaba. Su rostro alargado, parecía un arado infinito de arrugas y sus manos esqueléticas y blanquísimas pese a que temblaban, aún mantenían la vela que alumbraba su camino en la oscuridad.


Cuco estaba con vida… ¿Qué tipo de engaño había sido este?


Intenté voltear a mirar a Margarita pero mi cuello, así como el resto de mi cuerpo, permanecía inmóvil; apenas si podía girar con dificultad los ojos para verla de reojo y detrás de ella a Rafaelo. A mi lado permanecía Natasha; pero ella, a diferencia del resto, estaba moviendo la cabeza en señal de negación, a medida que la anciana se acercaba más y más.


-Cuco… Cuco, llévalos al centro de la sala. Los quiero todos juntos…-dijo la vieja, y acto seguido apagó la llama de la vela con un soplido.


Entonces, Cuco apareció de las sombras. Era el mismo: su ropa grande y de muchos colores mal combinados, su caminar lento y sus movimientos torpes. Pero algo había cambiado en él. Su mirada estaba perdida, rígida y sin pestañeos; estaba más pálido que de costumbre y su voz era mucho más pausada cuando respondió:


-Si…abuela.

Se acercó a la inmóvil y muda Margarita y la tomó de los hombros alzándola con gran facilidad; estaba volteándose para llevarla al centro de la sala cuando Natasha gritó:


-Déjenos ir!. Se lo ruego, perdónenos la vida!!!


-Jajajajajaja-rió la anciana al acercarse-  Podría dejarte ir porque no me sirves…podrías guardar silencio pero nunca haces caso…gritona!


Natasha la miró a los ojos como intentando descubrir algo oculto en su vítreo mirar .
Permanecieron unos instantes asi, viéndose la una a la otra sin pestañear.

De repente, Natasha entró en pánico y dos lágrimas rodaron velozmente por sus mejillas.

-¡Déjenos salir!, ¡déjenos salir!- Gritó con la desesperada voz de quien ha hecho un descubrimiento-No diremos nada, no haremos nada, se lo ruego, se lo suplico, déjenos salir!


La anciana negaba con la cabeza mientras reía.


-Rafaelo, ayúdame mi amor, sácame de acá-continuaba sollozando desesperada-, ¡esta no es una anciana!, esta, esta...


No alcanzamos a escuchar con claridad sus últimas palabras que sonaron inundadas por la sangre. Justo antes de que Natasha nos dijera el verdadero origen de la abuela de Cuco, esta sacó su asquerosa y puntiaguda lengua y perforó la garganta de Natasha de un solo golpe. Apenas pudimos ver como con sus últimos esfuerzos intentaba terminar su frase antes que su cuello empezara a lanzar chorros de sangre y cayera muerta a mis pies.


Nosotros que estábamos inmóviles de cuerpo y habla apenas pudimos gemir de horror sobre lo que estábamos viendo en aquel momento.  Cuco continuó llevando a Margarita al centro de la sala y regresó por Rafaelo quien con ojos extremadamente abiertos contemplaba el cuerpo sin vida de su amor bañado en su propia sangre.


Cuando los tres quedamos en el centro de la sala, totalmente petrificados pese a que no teníamos  atadura alguna, la anciana se acercó a Rafaelo y le susurró al oído:


-Demasiado buena para ti…demasiado activa para ti…¿creíste que iba a dejar que durara más tiempo?, jajajajajajajaja…-y continuó:


-Cuanto tiempo los he estado esperando mis niños…por fin los tengo de frente…tanto tiempo mirándolos desde las sombras, tanto tiempo preparándome para este momento….cuidándolos….para mi….


Mi mirada de desconcierto se hizo más que notoria, no podía entender como Cuco (a quien habíamos enterrado, aún estaba con vida), ni como ahora nos encontrábamos paralizados e inmovilizados por estos hilos invisibles... tampoco como esa anciana había matado a Natasha de aquella forma..no podía entender absolutamente nada...ni lo que estaba pasando, ni sus  palabras sin sentido. Cuco permanecía a su lado sin parpadear, con la  mirada perdida y vacía, como una especie de robot gordo y torpe.


¿Es que aún no comprenden? ¿Aún no saben lo privilegiados que son al haber sido mis elegidos?-dijo respondiendo al ver mi mirada desconcertada.


-Los he estado esperando por tanto tiempo-continuó-Ustedes no encontraron a Cuco, el los encontró para mi….es su labor, mi marioneta busca lo que deseo y lo que deseo es…

Margarita gimió desesperada al ver cuando la anciana volvió a sacar su acuosa lengua afilada que le llegó a la mitad del pecho.


Cuco fue una buena marioneta-prosiguió-pero hoy, antes que los devore, uno de ustedes lo reemplazará y estará a mi lado por los próximos 36 años, así como el lo estuvo….el resto no se preocupe…será mi alimento!


La vieja nos miró mientras se reía mostrando sus dientes verdes y disparejos; retrocedió unos pasos y dibujó un círculo invisible en el aire; puso la palma de la mano en el y fue cerrando poco a poco el puño. Miró a Cuco y le dijo:


-¿Alguien en mente?


-Margarita, abuela, porque Margarita nunca me quiso…


-Me parece bien, Cuco, -respondió- y caminó hacia ella- hace varios siglos que no tengo una mujer como marioneta y quizás esta podría funcionar...


Margarita empezó a gemir de nuevo haciendo esfuerzos sobrehumanos para intentar en vano de liberarse y huir. Yo solamente podía mirar la escena con ojos desorbitados,; creo que si hubiera tenido control sobre mi cuerpo, hacía tiempo habría perdido el control sobre mis esfínteres. Rafaelo estaba lejos de mi limitado alcance visual. Tampoco lo escuchaba gemir.
La anciana se acercó a ella y con la uña de su pulgar derecho hizo una señal en su frente. Recitó unos versos incomprensibles y luego llamó a Cuco. Este miró a la anciana y cuan alto era, comenzó a dejar escurrir su saliva verde sobre la frente de Margarita. Y allí permanecieron por largo rato mientras la abuela regresaba al círculo invisible que había dibujado con la mano.

-Energía Inútil- Todo se trata de energía inútil- dijo-muchos de nosotros  nos alimentamos de la energía de los demás, de sus estados de ánimo, de sus temperamentos…pero, es una energía efímera y pasajera; pero yo... yo descubrí que la energía inútil es más durable, pura y casi ilimitada… ustedes, mi fuente de energía inútil, mi alimento…una vez consuma su energía inútil, podré descansar por muchísimos mas años de los que he descansado antes….todo aquello que nunca hicieron, todo aquello que pudieron hacer o pensaron hacer pero que solo quedó en eso…toda esa energía que pudieron emplear y se quedó estática…muerta…inútil…todo ese cúmulo de energías ni siquiera desperdiciadas es de lo que yo me alimento…y para ser un buen alimento, ustedes se han dejado cosechar muy bien!


No fué necesario  buscar más explicaciones a las preguntas que hacía unos instantes me había hecho. Esa cosa, sea lo que fuere, había usado a Cuco (su nieto, marioneta, esclavo o lo que sea), para aumentar nuestra inutilidad… aquellos hechos fortuitamente extraños que habían acontecido con nosotros (ganar la lotería, encontrar el amor o liberarse de los maltratos de Ángela), habían sido provocados premeditadamente por la abuela de Cuco…¿como?No tenia ni idea....cuanto deseaba una botella de ron…


La mujer se acercó a Rafaelo, y yo, de reojo,  podía observar como Cuco bañaba a Margarita con su saliva verde la cual ya cubría por completo su cabeza.


-¿Este no responde? –dijo la abuela al ver a Rafaelo, quien evidentemente se había desmayado al ver la muerte de su amada a manos de la anciana.


-Vamos a probar la energía inútil de la sucia vida de Rafaelo…


La mujer dijo un par de palabras en un lenguaje extraño y de repente, aquel círculo invisible que había dibujado en el aire se volvió de un naranja fulgurante y las manchas de ese mismo color se hicieron más visibles y brillantes en la piel de Rafaelo. Poco a poco, empezaron a desprenderse de estas unos amorfos hilos de luz que llenaron el círculo en el aire. Toda la habitación se iluminó de naranja y pude ver donde quedaba el bar…tristemente no podía hacer nada para apoderarme de una botella. La abuela de Cuco miro complacida como se llenaba por completo el círculo y caminó poniéndose detrás de este.


-El círculo de Abasa, contenedor de energía inútil-dijo-los druidas lo conocían, pero lo hemos mejorado…el aire es un elemento más etéreo que la roca y más manipulable….mi contenedor está casi lleno!


Giré los ojos para ver a Rafaelo pero lo poco que me permitíó la vista fue hallar un cúmulo de músculos y huesos que expedían visos naranja viajando hacia el círculo de Abasa. Con terror, giré los ojos hacia Margarita quien ya era una masa de saliva verde que seguía saliendo de la boca de Cuco. Estaba completamente solo.  Mi terror aumentó cuando la anciana sacó su horrible y puntiaguda lengua viscosa y comenzó a lamer los bordes del círculo naranja. Poco a poco, alargó más y más su lengua hasta lamer por completo el diámetro. Entonces aceleró la acción y comenzó a succionar la energía inútil que se encontraba contenida. Después de largos minutos, la energía del difunto Rafaelo había desaparecido y la abuela de Cuco comenzó a reír copiosamente. Su piel brillaba de color naranja y su semblante parecía mucho más monstruoso y casi menos humano.



-Esta energía inútil es deliciosa! –gritó- no saben el bienestar que me ha dado…ahora, no puedo perder el tiempo más contigo, porque sigues tú, y me comeré tu energía antes que Margarita sea mi nueva marioneta…


Se acercó a mí y de nuevo repitió esas irreconocibles palabras, pero además sacó su lengua horrible y la pasó por mi frente haciéndome una herida sangrante. Sin demora, comenzó a salir de mis manchas los mismos visos naranjas que habían salido de Rafaelo. La energía inútil escapaba de mí y a diferencia de Rafaelo, esta llenó mucho más rápido el círculo de Abasa, los destellos no dejaban de salir de mi cuerpo y empezaban a desbordar los límites del círculo llenando la sala de una intensa y cegadora luz naranja. La abuela de Cuco tenía una mirada más que sorprendida y pareciera como si nunca hubiese visto tal cantidad de energía inútil acumulada en un círculo; se lanzó hacia el y empezó a lamer los bordes, pero la energía inútil procedente de mi seguía saliendo como un torrente infinito. La anciana lamía el borde y cuando intentaba continuar hacia el centro del círculo, el borde se volvía a llenar y ella de nuevo regresaba a lamerlo; primero con un gustoso apetito y luego con desesperación, como deseando tener más lenguas que la ayudaran en aquella labor. Tuve que cerrar los ojos por que la intensa luz naranja que reinaba en todo el lugar los hería fuertemente, mientras que   la energía inútil seguía saliendo de mi cuerpo como una fuente ilimitada.




A veces escuchaba la voz de la anciana intentando tragar toda esa energía y la mujer se oía ahogada en medio de sus lengüetazos. Calculé que habían pasado unos quince minutos cuando abrí los ojos y pude verla aun lamiendo los bordes del círculo, totalmente desesperada y fuera de sí, moviéndose a gran velocidad pese a su edad...la vieja estaba mesmerizada en aquella acción de lamer la energía que seguía saliendo de mi cuerpo. Pasó un tiempo y continuaba viéndola fuera de si, aun lamiendo el desbordado límite del círculo. 
Unos momentos después, de detuvo y me miró. Trató de decir algo pero su voz ahogada no me permitió escuchar. Se tomó el pecho y calló de espaldas estrellando su cuerpo contra la mesa de centro de la sala. La energía inútil seguía fluyendo de mi cuerpo hacia el círculo de Abasa. Unos minutos después, caí al piso y me desmayé.




EPÍLOGO


Hoy vi por la televisión que habían inventado un nuevo formato para ver películas. Se llama Compact Disc (o C.D). Es una lástima que Rafaelo no lo hubiera llegado a conocer. Tal vez rente una de sus películas clásicas en su honor.  No lo niego, a veces lo extraño, sobre todo cuando íbamos a beber. Todos estos años he tratado de analizar lo que pasó esa noche y sigo llegando a la conclusión que mi energía inútil fue lo que me salvó la vida.

La abuela de Cuco se había alimentado de la energía de Rafaelo, pero al notar que mi inutilidad vista en términos de luces era mucho mayor,  se lanzó ansiosa a comerla...sin embargo, esta era tan abundante, que no pudo con tanta y cayó muerta sobrecargada con mi energía inútil; supongo que no se puede acumular energía sin gastar ni un poco, porque el contenedor se malogra…fué su caso, creo... 

Cuando abrí los ojos, estaba fuera del apartamento de Cuco y Ángela me miraba con ojos piadosos. Ella, de quien no había sabido nada desde el viaje a Moncowa, había olvidado de nuevo sus llaves y me fué a buscar al lugar donde tiempo atrás me había estallado una lámpara de cristal en la cabeza: El apartamento de Cuco. Allí me encontró desmayado en el piso de aquel desastre ocasionado por la anciana y su marioneta en una sala naranja con los restos esqueléticos de Rafaelo, el cadáver de Natasha y la misma anciana muerta por una sobredosis de mi energía inútil.


Momentos después pude entender la mirada triste de Ángela al rescatarme de aquel lugar. El círculo de Abasa me había cobrado la energía y mis piernas se habían ido poco a poco convertidas en destellos naranjas. Ahora, solo tenía por extremidades unos hilos de carne y hueso que colgaban de mi cadera.

Antes de irnos, le rogué que regresáramos por Margarita. 
Lo que encontramos no fue nada agradable.  Cuco había desaparecido por completo. Sus ropas estaban en el piso rodeadas de su saliva verde, como si finalmente se hubiera convertido en esto mientras ensalivaba a Margarita. Ella estaba cubierta de una masa proveniente de aquella salivación endurecida. Con dificultad, pudimos romper aquel recubrimiento y la hallamos aún viva. Pero ya no era Margarita. Era una mujer tiesa y fría, como un maniquí idéntico a un ser humano, pero seco por dentro y por fuera. Cuco la había convertido en la nueva marioneta de su abuela para que en un futuro buscara otra cosecha de energía inútil; mas, al ya no haber quien la manejara, la marioneta quedó estática a la espera de algún mandato.



Al otro día nos mudamos de allí y nos fuimos a vivir al sur de Victoria. Nuestro escape fue rápido porque no teníamos como explicar los cadáveres en la sala de Cuco, y porque además, encontramos mucho dinero guardado en las habitaciones.  Al principio me costó un poco de trabajo moverme con esta silla de ruedas, pero luego pensé que si aún tuviera piernas, tendría que usarlas y eso me cansaría más; además en la silla de ruedas puedo esconder algunas botellas de alcohol cuando voy de viaje en avión.


Aunque insistí en traer a Margarita con nosotros, Ángela se opuso, así que la dejamos en nuestro antiguo apartamento, escondida en un armario con llave. No quiero ni imaginar la cara que pondrán los nuevos inquilinos cuando la encuentren… ha de ser divertidísimo.


A veces pienso que siempre he estado predestinado a ser un inútil, y eso es lo que mejor se hacer. Finalmente fue lo que me salvó la vida. ¿y... que es la vida? Bueno, la vida es estar sentado en mi silla de ruedas, comiendo frituras, emborrachándome y viendo la lucha libre. Mi gran premio y todo lo que realmente me merezco y lo único que realmente necesito para vivir.


FIN

martes, 27 de noviembre de 2012

Energía Inútil Capítulo IV : ¨Una feliz (nueva) vida"



ENERGÍA INÚTIL

Por Arturo Londoño Amórtegui
Capítulo IV
 “Una Feliz (nueva) vida”




-No hay nadie ahí adentro-dijo la mujer
-Si, Cuco siempre está allí a esta hora-le alegué con el conocimiento que me daba la experiencia-
-No, en serio, no hay nadie ahí-insistió de nuevo
-Mire Señora…- alcanzó a decir Margarita antes que la mujer la interrumpiera-
-Ustedes son sus amigos?-preguntó- Es que acaso no saben?
-No sabemos que?-Le dije asustado por el cambio en el tono de su voz-
-El joven Cuco se enfermó de repente…lo siento mucho, él se murió la semana pasada….

Muy pocas veces había visto en Margarita aquella sonrisa nerviosa que rayaba en la demencia. De pronto, sus comisuras empezaron a tomar voluntad propia y se movían indiscriminadamente transformando su rostro pálido de ojos vidriosos e inexpresivos, en un incipiente remedo de la alegre, descomplicada y aprovechada mujer que había sido solo apenas unos segundos atrás.

El tono serio y sentido de la vecina de Cuco no daban pié a pensar que todo ello se trataba de una cuel broma. Margarita quedó en shock y yo sentí como un látigo ardiente me quemaba por dentro desde la tráquea hasta el estómago.

Me acerqué tembloroso a la mujer y entre los miles de interrogantes que aquella noticia me había dado en tan cortos instantes, solo pude articular:

-¿Cómo… como fue?...¿Qué fue lo que le pasó a Cuco?

-La verdad, joven-me dijo la mujer- yo no se mucho de eso, empezó a salir menos, y se le veía como triste, apenas salía a la puerta. Después no salió más. El miércoles pasado me encontré con su abuelita. Ella es como callada también, le pregunté que como se encontraba ya que hacía mucho tiempo no la veía por acá, me dijo que había vuelto de su pueblo para cuidar al joven Cuco quien estaba enfermo en cama. A la mañana siguiente vimos como entraban los paramédicos a su apartamento. Yo pensé que había sido la señora-como ya está toda viejita, eso en cualquier momento se podía morir- pero luego la vi salir detrás de la camilla, me di cuenta que no había sido ella…los paramédicos estaban sacando el cuerpo del joven Cuco… ya todo tapadito con una sábana blanca…-la mujer comenzó a sollozar-. Tan joven que era, tan atento…tan bueno…pobrecito…

Volteé a mirar a Margarita y pude notar que tenía los ojos inundados en lágrimas.

¿Pero…como, que le pasó? ¿De qué se murió Cuco?- Le pregunté desesperado, casi levantándole la voz.

-La abuelita- no nos quiso decir nada. Estaba seria…callada….pobrecita. Solo lo tenía a el. Dios le de consuelo.-Y continuó llorando-

Yo me tomé la cabeza tratando de hacer conjeturas de lo que había ocurrido, empecé a recordar los últimos instantes que había pasado al lado de Cuco, pero solo lo veía sirviéndome más y más alcohol aquella noche. Luego recordé la llegada de Ángela y el golpe que me dejó inconsciente. Nada más. Hice un nuevo esfuerzo para acordarme de sus gestos, sus palabras… las últimas acciones que realizó… pero solo volví a recordarlo sirviéndome licor y yo quitándole su dinero. Lo voy a extrañar mucho, pensé, y le agradecí diplomáticamente a la mujer por la información, realmente ya estaba harto de sus lloriqueos y me dirigí hacia Margarita para salir del edificio; aquella noticia nos había afectado tanto que no dudaríamos en ir a emborracharnos para recordar a nuestro querido Cuco; realmente eso era todo lo que deseaba en aquel momento.

Casi a punto de tomar las escaleras para ir a la entrada, la mujer dijo de repente:

-Lamento mucho su pérdida…se nota que eran muy unidos…hasta se pintaban la cara igual…
Margarita y yo nos miramos de inmediato y salimos a paso acelerado del lugar. Aquel comentario era una referencia a las manchas naranjas que teníamos en todo el cuerpo. Esto empeoraba aún más la situación: No solo Cuco, nuestro “benefactor” había muerto en condiciones misteriosas, sino que también tenía la maldita mancha naranja que nos cubría gran parte de la piel. ¿Estaríamos acaso contagiados? ¿Seríamos los próximos en morir?. La angustia comenzó a roernos por dentro, y por primera vez en muchos años, sentí lo que era el miedo y la desesperación por el futuro.


Por fortuna, no duró mucho.


Exactamente once días después de habernos enterado de la muerte de Cuco, todo ocurrió.
No solo continuábamos vivos, sino que a partir de entonces, comenzaron a ocurrirnos una serie de eventos extraordinariamente fortuitos que cambiaron nuestra vida para siempre.

Margarita-quien luego de enterarse de que el finado Cuco también portaba nuestra mancha naranja-corrió donde su familiar médico (el mismo que había logrado demostrar la invalidez de su mano por su problema carpiano), y luego de los correspondientes y exhaustivos exámenes del caso, comprobó felizmente que se encontraba en perfecto estado de salud, siendo su único inconveniente la gran mancha naranja que no pudo ser quitada por el médico; de todas maneras, era mejor tener la piel de este color que estar infectada y condenada a muerte. Con la salud y ánimos renovados, Margarita solo tuvo que esperar menos de cuatro días para que la suerte volviera a favorecerla, y, ¿qué mejor suerte que le llegara lo que toda su vida había anhelado con desesperación? No era amor, no era conocimiento, no era experiencia. Era simplemente dinero, y ahora, Margarita tenía todo el que había soñado tener: Había ganado la lotería, con la suerte de quien nunca la compra y encuentra un boleto abandonado: El boleto ganador. En menos de semanas, Margarita había olvidado el llanto derramado por la muerte de Cuco, y empezaba a despilfarrar el dinero ganado en la lotería de la manera más descarada posible.

Pero, no solo el destino había cambiado para Margarita. Rafaelo, quien por larguísimas temporadas desaparecía para enclaustrarse en los oscuros rincones de su infinita colección pornográfica, había sufrido una alteración en su vida, quizás radicalmente más grande que el de la misma Margarita. Rafaelo, había conocido el amor. Era difícil coordinar la idea de que Rafaelo, el solitario y erudito de los temas sexuales, propietario de una de las más impresionantes colecciones de películas pornográficas en betamax de todo el país, cambiara sus conversaciones, y mencionara el nombre de su amor tres de cada cinco palabras que hablaba. Se llamaba Natasha Arantes, era una rubia exuberante, algo esotérica, y … además había protagonizado una buena cantidad de las películas de la colección de  Rafaelo. Era amor verdadero, a tal grado, que pese a conocerse relativamente hace poco, ya hablaban de matrimonio.

Rafaelo se había obsesionado con Natasha y la había logrado conocer por fin a la semana que Ángela me rompió la cara en casa de Cuco, gracias a un amigo mutuo. Se hicieron amantes de inmediato y lo que para Margarita y para mi se había convertido en una marca maldita, para Rafaelo fue la razón para que la excéntrica actriz se fijara en el: la mancha naranja. Realmente se les veía enamorados. Yo, que no sabía lo que era en verdad eso, tampoco me causó mucho interés, Ángela había cambiado radicalmente conmigo desde que vió en mi la gran mancha naranja. Al creer que era contagioso, decidió alejarse lo que más pudo e incluso se fue a dormir al sofá dejándome la cama matrimonial a mi disposición. Ya poco me molestaba ni agredía como en tiempos anteriores y solo me hablaba a lo lejos. Pasadas unas semanas con su nueva actitud descubrí que era la forma en que la fortuna me beneficiaba: estaba tranquilo; y eso era sufiente.

Dias después me llamó por teléfono para comentarme que había sido nombrada en un alto cargo del Instituto Nacional de Sicología pero que antes debía salir fuera de la ciudad realizando unos cursos de capacitación inicial. Me alegraba gratamente no tener que verla y podría sobrevivir si me dejaba comida y dinero para emborracharme. Así fue.

Había ya trascurrido cuatro meses desde que Margarita había ganado la lotería, Rafaelo conseguido novia y yo dejado de ser golpeado, cuando sentí su olor por primera vez. Era sábado y nos encontrábamos de vacaciones en una isla llamada Moncowa, a dos horas del litoral pacífico. Margarita quien ya no sabía en qué gastarse el dinero, organizó una salida a la pequeña isla y nos invitó a Rafaelo, Natasha y a mí con todos los gastos pagos por el tiempo que quisiéramos, (esto podía ser dos semana o incluso un mes). No había límite ni restricción de tiempo. Podríamos perder nuestro tiempo tanto como quisiéramos, algo que siempre cumplíamos a cabalidad.

Para llegar a Moncowa, hay que navegar en un bote a motor por casi cincuenta minutos y en cierto punto, al momento de llegar a la playa, hay que bajarse y caminar con el mar al nivel de la cintura. Como yo no sabía nadar y estaba muy a gusto bebiendo cerveza, le pagamos a uno de los navegantes para que me cargara hasta la playa; al darme cuenta que la arena estaba extremadamente  caliente, hice que el hombre me siguiera cargando hasta una cabaña donde nos íbamos a quedar y la cual estaba largos metros dentro de la isla. Margarita había hecho lo mismo, solo que era transportada por dos hombres que la mecían levemente sobre las aguas cristalinas sin permitir que la mojaran. La técnica de hacerse cargar por toda la playa nos había parecido muy cómoda y práctica, sobre todo para mi, que no conocía antes ni el mar ni la arena, así que decidimos pagarle al hombre (quien ya estaba adentrado en una edad madura) para que permaneciera a mi servicio. Al ver la gruesa suma de dinero ofrecida por la risueña Margarita, el hombre no tuvo más opción que acceder a mi propuesta. Así que, mientras yo disfrutaba bebiendo todo lo que el bar de la cabaña me ofrecía, el hombre me llevaba sobre su espalda a cada lugar que a mí se me ocurría: a las hamacas, de regreso a la playa, al mar, al baño… yo no tenía por qué preocuparme que mis pies tocaran la arena ardiente. Había conseguido mi propio carguero. Entretanto, Margarita había contratado un sequito de 16 personas exclusivamente para su caprichoso servicio; se había convertido entonces en la emperatriz de Moncowa y era refrescada por tres sendos abanicos de dos metros hechos con plumas de avestruz, alimentada directamente a su boca con frutas y especias importadas, masajeada y exfoliada por un comando de fisiculturistas  apenas cubiertos por un ridículo taparrabos, además de un conjunto de música tropical que debía interpretar de manera inmediata cualquier canción que a su ama se le ocurriera a ritmo  de calipso. Rafaelo y Natasha dormían al lado de una piscina cercana a la cabaña. Natasha (librada de cualquier tipo de envoltura), era el único motivo que me hacía interesarme por la ubicación de Rafaelo. De resto, me encontraba plenamente realizado gracias a mi nuevo medio de transporte.

-Hay cocos en esta isla? – le pregunté mientras me balanceaba en la hamaca-
-Si, todas esas palmeras están llenas de cocos-respondió mi carguero-
-Vamos por un coco!-le dije- quiero tomar uno yo mismo-le dije señalándole un grupo de palmeras

El hombre al principio no me había entendido, y cuando llegamos a la palmera, se puso al frente de la base para que yo empezara a escalar, pero  yo no lo hice, le recordé que debía llevarme cargado a todo lugar donde le indicara, así que, a regañadientes, el hombre empezó a escalar la palmera conmigo sobre su espalda. Al principio no le fue fácil e intentó renunciar a la idea, pero con solo mencionarle el pago, retomó sus fuerzas y comenzó a subir a medida que pujaba y sudaba copiosamente. Después de largos minutos y habiendo resbalado en varias ocasiones, llegamos a la parte superior, donde pude tomar dos cocos. La verdad pensé que eran diferentes como los pintaban en las caricaturas, así que el desencanto me llevó a lanzarlos a la arena y volver a regresar a la playa sobre la espalda de mi carguero. Al buscar a Margarita vi que estaba disfrutando de los cuidados extremos proporcionados por su séquito y se encontraba en un estado de inmovilidad extrema debido a su relajación; su relajación estaba a tal punto que dos mujeres debían mover su mandíbula para que masticara una gran cantidad de frutos que para mí eran desconocidos. Quise ir al mar para probar que tan salado decían que era, y nadar un poco, pero como no sabía nadar, mi carguero tuvo que hacerlo por mí y estuvo a punto de ahogarse varias veces debido a mi peso. Después me percaté que no había vuelto a ver a Rafael ni a Natasha, así que mi carguero y yo fuimos en busca de ellos y nos adentramos en los matorrales. Momentos después los descubrimos sobre la hierba emulando una de las escenas de las películas en las que Natasha participaba. No niego que permanecí allí un largo rato observando, hasta que empecé a percibir el olor de un perfume que no podía reconocer pero que me parecía familiar. Un olor semejante a colonia de niño, con un fuerte almizcle dulce. Pasé largo tiempo pensando la procedencia de este olor familiar a tal punto que me desenfoqué de mi voyerismo y permanecí entre los matorrales pensando. Luego de una hora un escalofrío me turbó cuando recordé quien olía de esa manera: Cuco.

Hice que mi carguero corriera hasta la playa hasta llegar a la cabaña de Margarita donde todo su grupo de atención se encontraba rodeándola. Algo había pasado. Cuando por fin llegamos frente suyo la vi en estado de shock, temblando e impresionantemente pálida tumbada sobre un canapé de mimbre. Unas mujeres le proporcionaban viento rápidamente con ayuda de los inmensos abanicos.

Margarita me vio y se lanzó a abrazarme.
-Lo vi, lo vi-me dijo temblorosa- estaba allí sentado en la escalera-era el…era el!
-Era… quién?-pregunté-
-Cuco!, Cuco, maldita sea! Vi su fantasma! Se quedó mirándome…se le veía tan triste…tan solitario…luego se fue.

Si no hubiera sentido su olor, hubiera pensado que Margarita me tomaba del pelo, pero no era así, podía ser una farsante capaz de engañar a una compañía para ganar un pensión por incapacidad, pero conocía esa cara, ese temblor, si ella lo había visto, yo le creía. Mi olfato nunca me había engañado. De todos estos años de golpes y abusos por parte de Ángela, era el olfato el único sentido que aún tenía cien por ciento completo. Rafaelo y Natasha volvieron de noche a la cabaña. Parecían distantes y Natasha (quien no tenía pelos en la lengua), dijo en voz alta con el ánimo de avergonzar a Rafaelo:

-Veamos si esta noche no me fallas como hoy en la tarde…jajaja imagínense…no hizo nada por que una " vocecita" le hablaba al oido! Valiente impotente!
-Vocecita?- le pregunte-
-Si, dijo ella-dizque un tal Cuco le susurraba cosas…jajajaja.

Cuando la segunda embarcación que traía comida exótica, varios kilos de tomates, huevos, leche y ensalada –destinados a lanzárnoslos en la cara a modo de juego - así como un grupo de colegas de Natasha quienes a último momento habían podido abordar la embarcación,  arribaron a la isla, ya habíamos perdido el interés por divertirnos. Los tres habíamos sentido la presencia de Cuco de alguna forma, sea oliendo su infantil fragancia, escuchándolo o viéndolo. De alguna manera comenzamos a sentir un sentimiento de remordimiento y culpa por la forma en que abusamos de su hospitalidad, robamos su dinero y nos aprovechamos de su estupidez de la forma más descarada y abierta jamás existente. Quizás, aquella mancha naranja regada por todos nuestros cuerpos era la prueba de nuestra culpa.

Por más que intentamos adaptarnos al caluroso y vacacional ambiente, no fue asi. Durante los tres dias que únicamente pudimos pasar en Moncowa, las visiones sobre Cuco se hicieron más repetitivas, así como sus susurros o su olor. Era imposible como Margarita lo llegó a pensar, que realmente Cuco estaba con vida y ahora nos jugaba una macabra broma; todos lo habíamos visto en el cementerio siendo los únicos que lo habían acompañado a su última morada (ni siquiera su abuela estuvo con el); Realmente Cuco estaba muerto y el espectro que se paseaba en la isla no hacía más que atormentarnos; Margarita entró en un estado de histeria continua, Rafaelo en uno de impotencia prolongada y yo…yo he de reconocer que el alcohol no me estaba generando el valor y la seguridad que siempre me producían…el espectro de Cuco nos acosaba a tal punto que terminamos encerrados los tres en un cuarto de la cabaña.

Entonces, al fin alguien dijo algo sensato y nos llevó a buscar una salida posible a aquella situación.

-¿Ustedes eran muy amigos de ese Cuco?-preguntó Natasha-
-Solo cuando nos convenía-respondí
-Cuando yo era niña-continuó-mi nana siempre me prohibía que metiera algún objeto en las tomas de electricidad, y siempre que estaba a punto de hacerlo, ella aparecía, me regañaba y me hacía prometer que nunca más lo haría. Cuando se murió, yo seguí escuchando por mucho tiempo su misma voz cada vez que me acercaba a una toma de electricidad; sentía que estaba allí y la oía haciéndome prometer que nunca meterá algo allí…maldita vieja…

-¿y?- preguntó Margarita sollozando

-Tal vez Cuco está aún aquí por algo…algo que lo ata a este mundo-dijo Natasha mientras se envolvía en una toalla.

-Quizás se quiere vengar de todo lo que le hicimos-dije en tono de burla, aunque mas desesperada que mal intencionada.

-LA HERMANDAD!- gritó Rafaelo-quien había permanecido en silencio todo este tiempo-
-Siempre lo ilusionamos con hacer tal juramento de los “Amigos para siempre”-prosiguió- era la excusa para aprovecharnos de el…ese fantasma está aquí por eso!

-Estupidez!, Tontería, cuento idiota, jajajaja-protesté-y en aquel momento sentí de nuevo su olor-

-Si, !-dijo Margarita- Si la única forma de que Cuco nos deje de joder es cumpliendo ese juramento… hagámoslo!


Natasha se involucró aún más convirtiéndose en nuestra guía espiritual de invocaciones (gracias a la experiencia de su nana), pero el fantasma de Cuco solo continuaba atormentándonos en lugar de unirse a nuestra ceremonia.

Exhausta, Natasha finalmente  admitió:

-Es imposible hacerlo así.... problema está en el lugar, hay que llamar a  su espíritu en el sitio donde iban a hacer el juramento, tal vez así si  se manifieste...


Así fué como regresamos  esa misma tarde a la ciudad; y entonces... ya nada volvió a ser como antes.

Continuará…


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